Ripios...
Tu fantasma deja huellas de pisadas mojadas. En hilera, se persiguen una a una del salón al dormitorio, de la pileta hasta el desván.
Invisible al espejo cóncavo que además de regalar lustre, deforma tu incorpórea sombra, si la hubiera, al pasar.
Es un espanto que no espanta, ruido nimio que se oye por debajo de la cantinela de aquél que friega hacendoso el suelo que no es madera ni es metal.
Me pregunto qué clase de espectro labora hasta en domingos y fiestas de guardar para que a este humilde penco no le dejen ni descansar...
Invisible al espejo cóncavo que además de regalar lustre, deforma tu incorpórea sombra, si la hubiera, al pasar.
Es un espanto que no espanta, ruido nimio que se oye por debajo de la cantinela de aquél que friega hacendoso el suelo que no es madera ni es metal.
Me pregunto qué clase de espectro labora hasta en domingos y fiestas de guardar para que a este humilde penco no le dejen ni descansar...












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