[Hay días como tantos otros.]
Hay días como tantos otros. Luego, hay días en los que el alma, por medio de sutiles toquecitos en el hombro, te susurra con voz ronca lo de la defenestración. Entonces no sabes si pensar que qué tarde es ya, que tu propia alma se toma tantas libertades, que se deja ver y oír, que funcione como ente independiente, con opinión y pensamiento propios.
Volar y volver son prácticamente lo mismo. Ya lo pensó aquel que se inventó las palabras y les reservó una fonética de primas hermanas.
Lo irónico reside en encontrar la ventana adecuada. El moho de algunas ha podrido sus trancas. De otras, entra un frío, dios, que no difiere al frío cotidiano.
Ahora me voy, que mi alma me ha llamado. Dice que se ha topado con una ventana que promete buenas vistas. Que no me da más detalles, no vaya a ser que otro desalmado se entere y se apropie de ella. Les dejo.
Sinceramente suyo, un desalmado.
Volar y volver son prácticamente lo mismo. Ya lo pensó aquel que se inventó las palabras y les reservó una fonética de primas hermanas.
Lo irónico reside en encontrar la ventana adecuada. El moho de algunas ha podrido sus trancas. De otras, entra un frío, dios, que no difiere al frío cotidiano.
Ahora me voy, que mi alma me ha llamado. Dice que se ha topado con una ventana que promete buenas vistas. Que no me da más detalles, no vaya a ser que otro desalmado se entere y se apropie de ella. Les dejo.
Sinceramente suyo, un desalmado.











