Los hombres sin historia son la historia.
Apiádense del hombre que no tuvo ni hijo, ni árbol, ni libro.
26 febrero, 2007
Oleus...
Suelo importunar a hermitaños, por envidia sana, creo, aunque no estoy seguro. Suelo andar a todos lados, con calma, para tardar lo suficiente que al llegar ya me haya arrepentido de haber ido. Suelo hablar más bien bajo, lejos de cualquiera dispuesto a oír. Suelo asomarme desde lugares altos, desafiando al vértigo, creación artificial de nuestro cerebro, como tantas otras creaciones que al parecer, tanto importan. Suelo distinguir entre canciones y cantinelas, estas últimas tan repetitivas y sólidas, que resultan engañosamente creíbles. Solía escribir. Ahora, sólo garabateo.
Dicen que mala hierba nunca muere. Pero certifico que no deja de ser más que otra falacia de esas que pululan por la conciencia popular, y que seguro que, en el hipotético caso de poder dedicar varias vidas consecutivas a la búsqueda del primero que aventuró el dicho, perderíamos el tiempo tontamente. La libertad de la mala hierba es saberse condenada a muerte. Nace sabiendo su suerte. No está a expensas de eternos juicios injustos. No deja sitio para albergar esperanzas vanas de salvación. No llegan al crítico momento de preguntarse para qué salvarse. No tiene otro nombre que contradicción el hecho probado que es el aroma que desprende la mala hierba al morir. Una especie de último regalo a su ejecutor que sesga con mayor o menor pasión, dependiendo del momento del día, a su víctima. Desapercibidas, acurrucadas, conscientes del inminente peligro, las malas hierbas pequeñas aguardan. Las grandes malas hierbas son las primeras en caer. Pagan sin duda, su atrevido pavoneo y sus ansias de ser primeras en algo. Ser la mala hierba más grande no es más que ser la mala hierba más grande...
Ahora que ya es tarde, cometamos fechorías, de las graves, de las mías. Escapemos como proscritos de crímenes, aunque no de sangre, sí mortales. Desoyamos mandatos, burlemos tribunales. Mofémonos de las leyes que nos conminan a rediles programados. ¿Merece la pena el riesgo que alimenta al fugitivo? No lo sé. Pero te aseguro que no dispongo de vida para penar una cadena perpetua. Así que pronto, levántate y crucemos el río. He oído que en la otra orilla, es posible elegir cuándo el momento es digno de un amanecer o de un anochecer...
Sé que este tipo de comparativas, incluso más ambiciosas, existen por la red. Pero animado por una especie de explosión de uso desaforado de programas para llamar por teléfono via IP por parte de amigos y gente cercana, me he propuesto aportar mi granito de arena. Me he centrado sólo en cuatro soluciones por varios motivos. Si nos ponemos a contar, seguro que el número de programas y empresas que ofrecen este tipo de servicios superan la veintena. Hacer una lista realmente larga resulta, bajo mi punto de vista, contraproducente. He querido hablar sólo de los programas que me parecen interesantes por algún motivo y también los que he tenido ocasión de probar con mayor o menor intensidad. También he compuesto una tabla para que sea más fácil comparar los precios de cada uno, ya que el precio es uno de los factores cruciales que hacen que la gente use este tipo de programas. Para no repetirme en exceso diré que entre las características comunes en las cuatro está la gran calidad de voz que consiguen, la posibilidad de mandar SMS (menos en Gizmo), que las llamadas entre ordenadores son completamente gratuitas y la posibilidad de conseguir un número de teléfono para poder recibir llamadas (todavía no existe la posibilidad de conseguir un nº español, pero la habrá en un futuro).
Skype: El gran precusor y el que actualmente es más usado y conocido. Está disponible para varios sistemas operativos, aunque se nota un mejor trato a los usuarios de windows por disponer más opciones que el resto de sistemas operativos. Hace unas semanas hubo un cambio de política de precios y comenzó a cobrar un establecimiento de llamada (es el único que lo hace de los cuatro que comento) de 0,045 €, lo que en teoría no tendría mayores consecuencias si no fuera porque muchas veces la conexión que nos da nuestro proveedor de internet no es la mejor posible, y suceden cortes. Así que toca volver a llamar, con el consiguiente abono del establecimiento de llamada. Personalmente no me ha gustado mucho este movimiento por parte de Skype. Tiene integrada (sólo para windows y mac) la posibilidad de videoconferencia y de llamada entre varios usuarios al mismo tiempo. Como opción interesante (que no he probado) está el llamado SkypePro, que casualmente desde hoy se puede contratar en España. Se trata de una especie de tarifa plana, donde se paga un fijo todos los meses (la promoción actual es de 11,50 € por cinco meses) por llamadas gratuitas a teléfonos de nuestro mismo país (sólo se paga el dichoso establecimiento de llamada).
VoipBuster: Actualmente es mi favorito. Para mí, tiene la mejor oferta (en teoría promocional y temporal, pero que básicamente lleva funcionando muchos meses) que se basa en ofrecer llamadas gratuitas a teléfonos fijos de cerca de cincuenta países, entre los que se encuentra España. Las únicas limitaciones son que las llamadas al cabo de una hora se cortan (pero puedes volver a llamar, claro) y que sólo tienes 300 minutos a la semana gratuitos. Cuando superes ese tiempo semanal, se aplicarán las tarifas normales llames a donde llames. Así mismo, cada recarga tiene una caducidad de cuatro meses. Cuando se cumplen estos meses, hasta que no vuelves a comprar crédito, no puedes volver a disfrutar de llamadas gratuitas. En contra, decir que sólo tienen cliente para windows, aunque hay maneras para poder llamar desde linux y mac.
Wengo: Iniciativa francesa muy interesante basada completamente en estándares abiertos. También es reseñable que tengan clientes completamente funcionales bajo windows, linux y mac. Asimismo, existe una extensión para el navegador Firefox que posibilita hacer llamadas sin la necesidad de instalar el programa en el ordenador. En el momento de darse de alta, regalan 30 céntimos para poder hacer pruebas sin necesidad de comprar un mayor crédito.
Gizmo: Se caracteriza por el uso de estándares abiertos (aunque también usa codecs propietarios) y por la intención de interoperatividad entre diferentes proveedores de servicios. Actualmente tiene una promoción que está muy bien, pero es un tanto enrevesada. Existe la posibilidad de hacer llamadas gratuitas a unos sesenta países, pero dichas llamadas sólo son posibles entre usuarios registrados y activos de Gizmo. El término "activo" es el que es importante aquí, pero sin entrar en profundidad, se trata de usar el programa asiduamente e invitar a amigos para que lo usen. A continuación les dejo una tabla que he creado con los precios actuales (impuestos incluidos) y con destinos a diferentes países, para que les sirva de referencia. Los precios están todos en euros y algunos casos, mínimamente redondeados. Y por descontado, pueden estar sujetos a cambios.
Espero sus comentarios, si conocen algún servicio interesante que no he contado aquí. Las correcciones y puntualizaciones serán bienvenidas también.
Nació muerto, pero le dio por llorar. Y este quejumbroso llanto inicial no sería otra cosa que el preludio de una vida. De niño fue feliz, pero tuvo la desgracia de no enterarse. En el futuro intentaría emular sin éxito lo que era la dicha, pero no lograría recordarla, hasta el punto de pensar si fue sueño o alucinación pasajera. Cobró conciencia de golpe, una tarde, cuando regresaba de aquel sitio donde siempre iba y ninguno conocía. Devoró libros esperanzado en el hecho de que la ficción no existe. Pero la realidad la supera, a veces con creces. Y aquí el que no corre, vuela, y tonto es el último y en esta vida has de saber llorar. Nunca dijo "te quiero" porque nadie se lo preguntó. Tenía la mirada perdida, pero no era cierto. Ocurría que miraba lejos, bien lejos. Tanto, que lo que viera poco pudiera importarle. Y andaba como zigzagueando, porque las líneas rectas no existen y no hay que molestarse en aproximarse a ellas. Me lo encontré, y no nos estrechamos las manos. Las llevaba rudimentariamente vendadas. Algo de agarrarse a clavos ardiendo me contó. Seguía igual de callado, acechando cualquier sílaba oída con intenciones de aprender lo que a esas alturas no había aprendido. Pero sonreía. Esta vez sonreía. No tuve el arrojo de preguntar. Tampoco él me hubiera contestado... Esa fue la última vez que lo vi. Alimentó leyendas y no sin motivo. Desapareció e insultantemente todo volvió a ser como si él no hubiera nacido muerto...
Varios meses después, por fin, uno de los secretos mejor guardados ha sido desvelado. El vicepresidente de la Generalitat valenciana Víctor Campos contestó que la visita del Papa el pasado verano a la ciudad de Valencia le ha costado a los valencianos 1.943.788 de euros. No voy a entrar si el dato es cierto o no, puesto que no estoy en condiciones de comprobarlo, pero lo que sí me produjo cierta vergüenza ajena fue leer que según una estimación de una "empresa especializada" (bien entrecomillado), el impacto económico de dicha visita fue para la ciudad de Valencia de unos 278 millones de euros. Una de dos: estos cálculos los realizan los mismos que calculan los asistentes a las manifestaciones auspiciadas por el PP o bien, el Papa se dejó olvidada una maleta llena de billetes y joyas, hecho que me parecería una inmoralidad no avisarle de esta circunstancia, hayan pasado los meses que hayan pasado. Teniendo en cuenta que el último cálculo del número de habitantes de la ciudad es de 805.304 habitantes, pues toca a un poco más de 345 euros por cabeza. Con esto quiero decir que la próxima vez que pase por allí, me negaré a realizar cualquier invitación...jajaja...
La vida es todo aquello que olvidamos. Los recuerdos, sobre todo los que pensamos que nos han hecho grandes, no forman parte de la vida. Precisamente porque los tenemos presentes, no nos sirven. El olvido no es la nada. Es lo que hemos vivido y aprendido. Es lo que nos ha moldeado. Es el motivo por el cual tú me lees y yo te escribo. (Lees porque me quieres y olvidas por qué me quieres...) Enséñame tu memoria, deja que la descubra, por favor, limpia. Asegúrame que pronto olvidas lo que todavía no ha pasado.