Los hombres sin historia son la historia.
Apiádense del hombre que no tuvo ni hijo, ni árbol, ni libro.
31 marzo, 2007
Frase del día...
Israelitas, cristianos y musulmanes profesan la inmortalidad, pero la veneración que tributan al primer siglo prueba que sólo creen en él, ya que destinan todos los demás, en número infinito, a premiarlo o a castigarlo.
Me he tomado la libertad de amarte. Si me dejaras decirte al oído esto, aquello y lo de más allá... Termino pronto. Te susurraría sobre cosas imposibles, porque como canta el poeta, de lo posible, ya sabemos demasiado. Me quedo aquí, tranquilo, inventando metáforas para llamarte.
Hace dos días que salió una oferta nueva para los usuarios del cliente voip VoipBuster. La oferta consiste en sms gratuitos a móviles de una veintena de países. Tal y como comenté en una entrada anterior no hace muchos días, VoipBuster sigue siendo mi elección en cuanto a programas para llamar por teléfono desde el ordenador. La lista de países es la siguiente:
Actualización: Según señala dziga en un comentario, parece ser que los sms sólo son gratuitos si los mandas a un operador de tu mismo país. Espero que alguien más pueda corroborar o desmentir este hecho.
Actualización 2-Abril: Después de varios días probando el servicio e indagando por la web puedo decir que mi experiencia personal es totalmente positiva. No me han cobrado ni un sms de los que he mandado. He logrado confirmar varios aspectos que no estaban del todo claros en un principio. Los sms sólo son gratuitos si los mandas al mismo país de tu operador móvil. Hay una limitación de 250 sms al mes. O sea, eso de unlimited no es cierto. Aún así, me parece una muy buena promoción. Es cierto que en determinados países y operadoras está habiendo problemas y los sms no resultan gratuitos. Todo está en probar. Queda por resolver que mejoren la posibilidad de mandar sms vía navegador web y que solventen los problemas que hay con algún que otro carácter(si ponías una coma, salían símbolos extraños. Pero ya está resuelto).
Me basta con ver aparecer tu cara al enfundarte el suéter celeste, aquél que nunca te regalé y que me premiaba con el favor de intuir tu figura. Me basta con reconocerte capricho. Pasajero, imposible, sólo capaz de ser imaginada por mi mente cansada y desvariada. Me basta con ver tu cuerpo semidesnudo asomado a la ventana y yo preguntándote desde la cama si era posible que el mundo ni hubiera parado. Me basta con tu silencio, con todo aquello que decías callada. Me basta, aunque ya no te tenga, con haberte tenido.
¿Es de cobardes pretender con todas las fuerzas actuar como si no hubiera pasado nada? Y si es así, ¿acaso importa? El grito que haces nacer, muere en el instante en el que te encuentras encerrado en la inmensidad del campo y nadie lo oye. Una mentira existe porque llega a oídos incautos. Lo mismo pasa con las verdades, pero de ellas no hablo porque no las conozco. Mirar a otro lado sabiéndose tuerto, pero conseguir convencerse de ello. Elegir convencerse de ello. Los que al leer esto reconozcan la imposibilidad a secas de la propuesta no necesitan leer más a partir de aquí. A los otros, los afortunados, les envidio y a la vez les despido, a pesar de que no recuerdo haberles saludado, ni hecho pasar y acomodarse, que no hay ni una silla donde caerse muerto...
Tres pasiones, simples pero abrumadoramente fuertes, han gobernado mi vida: el anhelo de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad.
Dejé en su día escritas estas líneas, no como testamento, aunque me juego la vida. Las dejé por si ella volvía, por precaución recelosa.
Inoportuna como la suerte es la sed. La tildaría de insaciable, pero repetiría lo evidente. No es sed estoica. No lo es. Es sed que bebe de lágrimas, privadas, que son las amargas. Es sed tramposa pero no traicionera, porque avisa, sin tiempo, eso sí. No es sed en exceso ruidosa, si no fuera por el apagado llanto. Es sed compañera, aparente prisionera. A pesar de nacer rematadamente necio, no pregunto hasta cuándo estará conmigo...
Hoy no escribo. Recorro con ruido mi estancia, recojo con brío mi alma. Empaqueto lo poco servible y lo mucho inservible, no por nada, sino porque siempre arrastré fama de ordenado. Dejo arrinconada ahí, detrás del práctico mueble al que no llegué a encontrarle nombre, una bolsa llena más o menos de "explicancias" (he creado la palabra, asegurándome antes de que no existía. Viene a decir lo mismo que "explicaciones", pero como entonadas con tres copas de más, lúdicamente desvergonzadas). Me voy a trabajar de agrimensor, que todavía no sé lo que es, pero suena bien. ¿Que si estoy cualificado? ¡Claro! He llegado hasta aquí sin tornarme lunático. Mira, lo pone ahí bien clarito: "No se le conoce el vicio de amar, ni a persona, animal, planta o Luna..." Sí, echaré de menos mi antiguo empleo, aunque lo digo más porque te quedas tranquila oyendo estas cosas. Y no volvamos a lo mismo, que terminamos mentando a la brutal reconversión, al gobierno inexistente y a la madre del patrón. Pero si ya sabes que nadie quiere comas, que son pocos los que las usan, que guardes éstas, que seguro que dentro de un tiempo valdrán su peso en oro... Ahora lo que se lleva es la velocidad, que se confunde con el desparpajo y con el cuanto antes me lo digas, mejor... Hoy no escribo. Ocupo mi tiempo en quererte. Te dejo.