Disperso. Esa creo que sería la palabra más adecuada. Entre viajes, reencuentros y obligaciones, he dejado de lado al blog. Aún no sé si ha tenido algo que que ver mi subconsciente. Vuelvo con la incomodidad que supone no ser reprendido. Y con cierto grado de estupefacción, al comprobar que no he tramado excusa plausible. Diré, para ajustarme a la mentirosa norma de explicar lo inexplicable, que tampoco han sido tantos días... Pondré antes de nada, banda sonora al intervalo citado con anterioridad. Dos buenos amigos me regalaron (gracias otra vez) el último disco de Luis Pastor, en el que pone música a poemas de José Saramago. Se titula "En esta esquina del tiempo", y contiene dos cds, uno cantando los poemas en portugués y otro en castellano. Y ya con música de fondo, comentaré que todavía digiero la superpoblación de acontecimientos a los que tuve ocasión de asistir. Poco a poco los iré desgranando aquí, aunque de una manera tal, que dará igual si en verdad me refiero al pasado cuando digo "Hace unos días..." o simplemente estaré variando el manido "Érase que se era...".
Soy por la incertidumbre que me provoca discutir sobre si prefiero el amanecer o el anochecer. Por mi seguridad en la respuesta inicial. Y por descubrir que realmente no sabría qué contestar, porque no recuerdo haber visto nunca salir el sol. Y mucho menos haberlo visto huir... No logro acordarme de si era yo el que estaba allí...
Podría haber dedicado algo de tiempo en crear una trama, mínima, como suele ser habitual, con sus tres partes bien diferenciadas, inicio, desarrollo y final. Y sin mucho esfuerzo, tomar prestada la cara de ese hombre gris que viaja en el mismo vagón, mirando con igual desgana todo lo que acontece dentro y fuera del tren. E imaginar lo que le espera al final del viaje, si tendrá alguien esperando en la estación, o simplemente se irá andando a casa, porque vive sólo tres calles más abajo. Y he escrito abajo, a pesar de que nuestro conjunto destino es plano como si alguien le hubiera impuesto el castigo de la monotonía. Pero eso nos enseñaron. Allá es abajo. Y acá es arriba. No seré yo el primero que ponga en duda el sistema que por otro lado, se ha mostrado completamente eficaz hasta la fecha. Pero esta vez no me refugiaré en hipotéticos escenarios. Seré yo el que escriba sin barbas ni bigotes postizos, sinónimos de picores varios y risas mayormente juveniles. Estaré cansado de tanta historia, de tanta palabra. Al fin y al cabo, Alberti ya se fue y escribió todo lo que tenía que escribir. Tengo la sensación de que he usado todas y cada una de las palabras que inexplicablemente he ido guardando todos estos años, y que no ha servido de mucho, por no decir, de nada. Es la asimetría la que no me deja descansar, si por algún casual, es tiempo de descanso. La asimetría que siento cuando me enfrento a una despedida. Alguien inventó los “hasta mañana” para ser usados de diario, sin ropas de domingo. Pero los “hasta nunca” son verdaderos huérfanos. Nadie quiere saber de ellos. Y sin embargo están ahí para ser usados, por los valientes o por los inconscientes. Yo creo que pertenezco al segundo grupo. Siglos de evolución deberían haber bastado para que un ser humano no pudiera decir: “tranquila, en unas semanas nos volveremos a ver, seguro” con una sonrisa en la boca. En aquel momento, me pareció buena idea darle un beso, fijarme en la contenida acuosidad de sus ojos, maldecir el día en que nos conocimos y girar en redondo para empezar a alejarme sin ninguna intención de volverme...
Ya es tarde, pero todavía seguías moviendo la lengua como buscando migajas en tus labios. Un acto reflejo que repetías como si fuera tuyo en propiedad, al igual que esa mirada dulcemente imperativa, juraría que ensayada tras horas y horas de reflectiva consulta. Mis protestas en forma de antagónica diatriba volvieron a servir de poco. Punto por punto, repetí todos y cada uno de los motivos por los que había dejado todo para estar otra noche más contigo. Sé lo poco que prestabas atención a lo que te decía. Sólo te importaban las formas, las pausas. En ese momento, te escurriste felinamente y me mostraste el fino libro de tapas rojas el que sonrientemente habías traído del salón. Comencé a leer con voz de narrador secuestrado, ostentando una seguridad perdida: "Madrugó porque sería el último día de su vida...". Luego de leer el primer párrafo, decidí dar paso a mi inventiva, y por una vez, contarte una historia que aparentemente tuviera un final feliz.
Es cierto que juré y perjuré que nunca diría nombres. Pero también es cierto que desde que me descubrí como tramposo, los remordimientos han pasado a pastar plácidamente en algún lejano rincón de mi alma. Me siento chivato, como jamás lo había sentido. Me considero digno poseedor del don de señalar sin temor a ser señalado. Poderoso o más, como oscura es la habitación donde pacientemente observo. Levanto la mano, pido la palabra y carraspeo. Al coger aire, la bala disparada por el pistolero a sueldo de los que pueden pagarle, atravesó mi pulmón izquierdo deshinchándolo casi instantáneamente...
El viejo abuelo que bajo una especie de obligada rutina, se sentaba a la sombra que surgía del edificio que sustituía al descampado de toda la vida, me volvió a inquirir con gesto arrugado: "Todavía no sé qué secretos me llevaré a la tumba, ¿sabes, hombrecito?". Yo, halagado por lo que para mí en aquellos momentos era el mayor cumplido que me podían hacer, contestaba cortésmente que con mucho gusto oiría a los descartados de tal magna elección. Acto seguido, la senectud invadía su rostro, que bajaba para contemplar sus gastadas zapatillas de andar por casa. "¿Sabes qué, hombrecito? Es posible que el mayor yerro sea buscar una moraleja a cada historia que vemos pasar..."
Conozco a más de uno que ya es un experto en esto de viajar en avión en compañías de bajo coste. Yo he hecho mis pinitos, pero estoy más cerca de no tener ni idea que de dominar el asunto. Hace unos días que me encontré con una página que me pareció bastante útil. Se llama WhichBudget. Nos informa de todas las compañías que operan a/desde el aeropuerto que nosotros elijamos. Es tan fácil como elegir un aeropuerto, y seguidamente nos listan todas las compañías ordenadas por países y por ciudades. En dicho listado aparecen los enlaces correspondientes hacia las páginas web de cada compañía, para que podamos desde allí realizar la compra del billete, si finalmente elegimos viajar. Bueno, espero que les sea útil.