Tercer ejercicio...
Ayer conocí a la novia de un amigo. Y digo amigo por no alargarme en demasía con explicaciones. Tengo que reconocer que me facilitó la tarea bastante. En unos pocos minutos sus comportamientos y aseveraciones cayeron en tal multitud de tópicos, que la injusta tarea de encasillarla fue tan breve que hasta me sentí traicionado, por la poca diversión que iba a reportarme. Ella es de las típicas que hablan por los codos. Aún diría más, es de las que escuchan por los codos. Es de esas chicas que a las primeras de cambio y casi sin venir a cuento, te recuerdan que tienen novio y que son muy felices con el susodicho. Desde luego, es una campeona de la obviedad, puesto que yo he tenido la desgracia de conocerla precisamente, porque conozco a su novio. No me llama tanto la atención el hecho de que ella cite a su novio. Es normal. Comparte gran parte de su vida con él. Tarde o temprano tiene que salir su nombre a colación. Llegados a este punto, siempre caigo en una tentación llamada envidia. Pero no dura mucho, la verdad. Lo que me fascina en realidad es que al contrario de lo que suele hacer ella, yo miro a sus ojos mientras habla. Y sus ojos son la prueba fehaciente de que miente. Es curioso la actitud que tienen algunos que piensan que una mentira puede convertirse en verdad por el mero hecho de repetirla machaconamente una y otra vez. Y en voz bien alta, para así poder escucharla y llegar a pensar que la han dicho otros. Intento ponerme en su piel, de veras. Intento averiguar en qué preciso momento dejó de buscar ser feliz para pasar a buscar aparentar ser feliz. Creo en el engaño, pero no creo en el autoengaño. Creer en él supondría para mí rendirme, darlo todo por perdido. En el fondo, ella tiene que ser consciente de la realidad, al igual que lo soy yo.
Salgo de mi ensimismamiento cuando oigo que no sólo reitera su felicidad sino que puede jurar por la tumba de su abuela, si hiciera falta, que su novio es tan feliz con ella como lo es ella misma. Claro, no sólo le vale asegurar su felicidad. Tiene que cerciorarse de que todos quienes le rodean sean felices y no le estropeen por nada del mundo su espejismo de felicidad. Su novio (evito decir mi amigo, porque cada vez estoy más seguro de que no lo es) es el que me viene ahora a la cabeza. Me pregunto si de verdad será feliz. Cuando pienso en él me llega su imagen con sus ojos bien abiertos, exaltados, acercándose a mí y voceando sin tapujos: "¿Has visto el par de tetas que tiene esa rubia?". Sí, supongo que él será feliz...
Maldita disyuntiva... ¿Sigo callado esperando que se calle? No se va a callar... ¿Le digo que se deje ya de historias, que afronte la realidad? Para qué, no hay peor sorda que la que no quiere oír... Si simplemente me doy la vuelta y me voy, creerá que estoy loco... ¡Al diablo! Además, tengo que pasar a buscar un libro antes de ir a casa...
Salgo de mi ensimismamiento cuando oigo que no sólo reitera su felicidad sino que puede jurar por la tumba de su abuela, si hiciera falta, que su novio es tan feliz con ella como lo es ella misma. Claro, no sólo le vale asegurar su felicidad. Tiene que cerciorarse de que todos quienes le rodean sean felices y no le estropeen por nada del mundo su espejismo de felicidad. Su novio (evito decir mi amigo, porque cada vez estoy más seguro de que no lo es) es el que me viene ahora a la cabeza. Me pregunto si de verdad será feliz. Cuando pienso en él me llega su imagen con sus ojos bien abiertos, exaltados, acercándose a mí y voceando sin tapujos: "¿Has visto el par de tetas que tiene esa rubia?". Sí, supongo que él será feliz...
Maldita disyuntiva... ¿Sigo callado esperando que se calle? No se va a callar... ¿Le digo que se deje ya de historias, que afronte la realidad? Para qué, no hay peor sorda que la que no quiere oír... Si simplemente me doy la vuelta y me voy, creerá que estoy loco... ¡Al diablo! Además, tengo que pasar a buscar un libro antes de ir a casa...












5 Comentarios:
No sé, estoy despistada. Se me ocurre algún que otro comentario pero antes de ponerme a redactarlo pienso que seguro que no tiene nada que ver con el mensaje del texto.
Quizás deban leerse estos "ejercicios" los unos a la luz de los otros y no aisladamente, no sé.
Son tres maneras de tratar el engaño y la mentira? Tres posturas ante la falsedad?
No dices nada del primer ejercicio así que estoy sin pistas.
si es que las mujeres..., alguna que otra he conocido que no paraba de hablar de su novio, su felicidad continuamente y luego era de las más putas del lugar.., no se si la historia se basa en hechos reales,alguna pistilla más nos tendrás que dar, pero ojito..
Los ejercicios tienen relación entre sí, pero no a nivel de significado. Es más bien a nivel de forma. Ya explicaré el sentido de todo más adelante (¿he oído paciencia? ;) ).
dani, ni que decir tiene que no está basado en hechos reales. Aunque también es cierto que no me he inventado casi nada...
gabriela, espero leer qué te sugiere la entrada en los comentarios...
Me hubiese gustado saber más... puede que ella sea simple y que de verdad sea facil en su ignoracia... es posible? Yo conozco mucha gente así.
Un saludo
Bueno, sí, existe la posibilidad de que lo que le pase a esta tía es que es una ignorante, y que por ello, sea feliz. Pero en este caso concreto, se trata de una que no para de enfatizar lo feliz que es. Claro, el que la oye en esta entrada, da por hecho que sus sospechas de que miente en este aspecto, son ciertas.
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