No seré yo...
Podría haber dedicado algo de tiempo en crear una trama, mínima, como suele ser habitual, con sus tres partes bien diferenciadas, inicio, desarrollo y final. Y sin mucho esfuerzo, tomar prestada la cara de ese hombre gris que viaja en el mismo vagón, mirando con igual desgana todo lo que acontece dentro y fuera del tren. E imaginar lo que le espera al final del viaje, si tendrá alguien esperando en la estación, o simplemente se irá andando a casa, porque vive sólo tres calles más abajo. Y he escrito abajo, a pesar de que nuestro conjunto destino es plano como si alguien le hubiera impuesto el castigo de la monotonía. Pero eso nos enseñaron. Allá es abajo. Y acá es arriba. No seré yo el primero que ponga en duda el sistema que por otro lado, se ha mostrado completamente eficaz hasta la fecha.
Pero esta vez no me refugiaré en hipotéticos escenarios. Seré yo el que escriba sin barbas ni bigotes postizos, sinónimos de picores varios y risas mayormente juveniles. Estaré cansado de tanta historia, de tanta palabra. Al fin y al cabo, Alberti ya se fue y escribió todo lo que tenía que escribir. Tengo la sensación de que he usado todas y cada una de las palabras que inexplicablemente he ido guardando todos estos años, y que no ha servido de mucho, por no decir, de nada.
Es la asimetría la que no me deja descansar, si por algún casual, es tiempo de descanso. La asimetría que siento cuando me enfrento a una despedida. Alguien inventó los “hasta mañana” para ser usados de diario, sin ropas de domingo. Pero los “hasta nunca” son verdaderos huérfanos. Nadie quiere saber de ellos. Y sin embargo están ahí para ser usados, por los valientes o por los inconscientes. Yo creo que pertenezco al segundo grupo. Siglos de evolución deberían haber bastado para que un ser humano no pudiera decir: “tranquila, en unas semanas nos volveremos a ver, seguro” con una sonrisa en la boca. En aquel momento, me pareció buena idea darle un beso, fijarme en la contenida acuosidad de sus ojos, maldecir el día en que nos conocimos y girar en redondo para empezar a alejarme sin ninguna intención de volverme...
Pero esta vez no me refugiaré en hipotéticos escenarios. Seré yo el que escriba sin barbas ni bigotes postizos, sinónimos de picores varios y risas mayormente juveniles. Estaré cansado de tanta historia, de tanta palabra. Al fin y al cabo, Alberti ya se fue y escribió todo lo que tenía que escribir. Tengo la sensación de que he usado todas y cada una de las palabras que inexplicablemente he ido guardando todos estos años, y que no ha servido de mucho, por no decir, de nada.
Es la asimetría la que no me deja descansar, si por algún casual, es tiempo de descanso. La asimetría que siento cuando me enfrento a una despedida. Alguien inventó los “hasta mañana” para ser usados de diario, sin ropas de domingo. Pero los “hasta nunca” son verdaderos huérfanos. Nadie quiere saber de ellos. Y sin embargo están ahí para ser usados, por los valientes o por los inconscientes. Yo creo que pertenezco al segundo grupo. Siglos de evolución deberían haber bastado para que un ser humano no pudiera decir: “tranquila, en unas semanas nos volveremos a ver, seguro” con una sonrisa en la boca. En aquel momento, me pareció buena idea darle un beso, fijarme en la contenida acuosidad de sus ojos, maldecir el día en que nos conocimos y girar en redondo para empezar a alejarme sin ninguna intención de volverme...












5 Comentarios:
No sé, yo este texto no sé por dónde va, quizá porque el pobre fue concebido entre traqueteos y encima tuvo problemas de raquitismo desde el momento en que vio la luz bajo el martilleo incesante de su autor...
A lo mejor con unas pistillas...
Jejeje... pues no sé qué pistas dar. La verdad es que para mí el texto está bastante claro. Toca varios temas, pero el fundamental creo que es la despedida como acto injusto cuando una de las dos personas sabe que va a ser la despedida definitiva y la otra persona ni se lo imagina.
Si me dices que lo he publicado con una tamaño de letra de 6 puntos... ;) a lo mejor lo de que no lo entiendes, me parecería más normal...jajaja
A mi me ha parecido meridianamente claro lo de la despedida que dices, pero hasta el final no se vislumbra que se trata de eso, todo el inicio me parece parafernalia si el núcleo del articulo es ese realmente, y si, eso de las despedidas no es nada fácil y más cuando uno de los dos sabe que es para siempre, y el otro no quiere o no puede imaginárselo, a veces es claro y otras no, todo depende de la mirada de la otra persona
A ver, dziga... Como ya he dicho otras veces, no sobra nada.
La primera parte de texto se entiende como una justificación del autor, porque sin duda, ha engañado a alguien. Y el lector podría pensar que si ha engañado una vez, podría engañarle a él mismo. De todos modos, la entrada está dividida livianamente en tres partes: ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué? cada una correspondiente a cada párrafo.
El kanario y sus despedidas obsesivas, ésas que parece estar temiendo o planeando siempre, o las dos cosas...
A ver si con estas pistas me aclaro más.
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