08 febrero, 2007

él...

Nació muerto, pero le dio por llorar. Y este quejumbroso llanto inicial no sería otra cosa que el preludio de una vida.
De niño fue feliz, pero tuvo la desgracia de no enterarse. En el futuro intentaría emular sin éxito lo que era la dicha, pero no lograría recordarla, hasta el punto de pensar si fue sueño o alucinación pasajera.
Cobró conciencia de golpe, una tarde, cuando regresaba de aquel sitio donde siempre iba y ninguno conocía.
Devoró libros esperanzado en el hecho de que la ficción no existe. Pero la realidad la supera, a veces con creces. Y aquí el que no corre, vuela, y tonto es el último y en esta vida has de saber llorar.
Nunca dijo "te quiero" porque nadie se lo preguntó.
Tenía la mirada perdida, pero no era cierto. Ocurría que miraba lejos, bien lejos. Tanto, que lo que viera poco pudiera importarle. Y andaba como zigzagueando, porque las líneas rectas no existen y no hay que molestarse en aproximarse a ellas.
Me lo encontré, y no nos estrechamos las manos. Las llevaba rudimentariamente vendadas. Algo de agarrarse a clavos ardiendo me contó. Seguía igual de callado, acechando cualquier sílaba oída con intenciones de aprender lo que a esas alturas no había aprendido. Pero sonreía. Esta vez sonreía. No tuve el arrojo de preguntar. Tampoco él me hubiera contestado...
Esa fue la última vez que lo vi. Alimentó leyendas y no sin motivo. Desapareció e insultantemente todo volvió a ser como si él no hubiera nacido muerto...

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2 Comentarios:

Anonymous Anónimo comentó...

A mí me intriga ante todo el significado subjetivo de alguna palabra, en este caso "muerto". No creo que sea aquí sinónimo de "vacío", no?
Anda kanario, háblanos un poco de "aquel sitio"... Me interesa muchísimo.
La idea de que "el que no corre vuela" y "tonto el último" estoy prácticamente segura de habértela leído ya, no será algo vivencial, concreto?
Las manos también han aparecido ya (como elemento importante) en un texto muy bonito por cierto del contubernio del tío emilio. Pero no recuerdo el nombre de la entrada.
Me temo que me quedo sin saber qué hace sonreir a nuestro personaje, es una pena, hubiera querido saberlo sin duda...
Con respecto a los clavos ardiendo. Voy a divagar un poco. Buenos son los clavos ardiendo, mejor eso que nada? me pregunto yo... No sé... No es casi todo en la vida, o muchas cosas por lo menos, un puro agarrarse a un clavo ardiendo? O no?
El problema de este personaje es que parece bastante terco y se resiste a dejarse engañar. Pero le vendría bien un rato. Eso sí, no podrá engañarlo cualquiera. Tendría que ser una persona que actúe como una especie de imán misterioso del cuerpo, no estamos hablando de algo intelectual ni de algo emocional tampoco. No, tiene que ser una atadura física que desconcierte un poco a nuestro personaje y por lo tanto, consiga intrigarlo y retenerlo y contenerlo y reposarlo. Y aún así no lo conseguirá de forma continuada, definitiva y perpetua, eterna. Serán sólo breves momentos, fugacidades de tranquilidad, demoras en la búsqueda, no sé. Que le merecerán la pena en ocasiones y compensarán esos llantos sordos a veces.

2/12/2007 01:02:00 p. m.  


Blogger Kanario comentó...

A ver... aclaramos (o "desaclaramos" más bien...jejeje) algún asunto. La palabra "muerto" viene a decir ahí justo su significado. No tiene directamente doble sentido, aunque es cierto que un recién nacido muerto no puede llorar. La imagen de la que se habla es ese momento en el cual el médico saca a la criatura y la golpea para que rompa a llorar y empiece a respirar. El protagonista de la historia, nació muerto, pero misteriosamente, se puso a llorar, así que clínicamente lo consideraron vivo porque respiró.
Hay una cuestión de fondo que yo interpreto de otro modo. Tú confieres al protagonista una especie de sentimiento tozudo ante las posibles circunstancias que le rodean o le han rodeado. Pero yo, más que tozudez, veo candidez. No es una candidez cien por cien inocente, si se me permite la contradicción. El matiz está en que la tozudez denota un grado de libertad que no posee la candidez. Eres tozudo porque ante una disyuntiva, te obstinas en elegir una de ellas, pase lo que pase. Pero al protagonista lo veo más a remolque de las circunstancias. La parte: "Devoró libros esperanzado en el hecho de que la ficción no existe. Pero la realidad la supera, a veces con creces. Y aquí el que no corre, vuela, y tonto es el último y en esta vida has de saber llorar." es un fiel reflejo a lo que estoy diciendo.
Temas recurrentes, pues alguno que otro. Efectivamente, las manos, la mirada... Sobre la entrada de las manos, no sé si te estarás refiriendo a esta: "C'est la vie..."
Existen las incógnitas porque es la parte que se le exige al que lee. Resolver las partes ocultas o inconclusas, es parte principal y obligación de un buen lector. Se tiende a pensar que el objetivo primordial y casi último al leer un texto es comprender en su totalidad el significado que da a cada una de las palabras el escritor. Pero yo no lo veo así. Debe ser inspirador de una historia única y particular a cada lector. Y entre esas historias, sin duda habrá más de una que sea mejor que la historia que provocó el texto al escritor.
La última parte de tu comentario, me ha recordado a aquella frase que puse de la película "Match Point". Según lo que deduzco de tus palabras, el protagonista lo que ha tenido es mala suerte, al no encontrarse con su oportunidad para ser feliz.

2/15/2007 12:52:00 p. m.  


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