[El frío era tempranero,...]
El frío era tempranero, de día por completo despejado de otoño, azul celeste tirando a gris serio. El vaho saludó en silencio a la ingente partida de gente que se aglomeraba al cabo de sus ignorancias, que si bien no eran mayores que las mías, tenían el aliciente de serme desconocidas.
Nací aprendido, o al menos eso creo, en el arte de no pararse a contemplar lo absurdo que es dar por sentado lo obvio y aceptado. Nací, también, humano y por tanto, moribundo. Pero no mentemos a la muerte y a ninguna de todas sus formas a estas horas en las que el alumbramiento del día y su desperezo agita a un par de viandantes, público gratuito de la horrorosa escena que decora un trozo de sucia acera: Una mujer, extranjera de carné, llora porque ha agotado ya las últimas lágrimas con las que llorar...
Nací aprendido, o al menos eso creo, en el arte de no pararse a contemplar lo absurdo que es dar por sentado lo obvio y aceptado. Nací, también, humano y por tanto, moribundo. Pero no mentemos a la muerte y a ninguna de todas sus formas a estas horas en las que el alumbramiento del día y su desperezo agita a un par de viandantes, público gratuito de la horrorosa escena que decora un trozo de sucia acera: Una mujer, extranjera de carné, llora porque ha agotado ya las últimas lágrimas con las que llorar...












2 Comentarios:
Ess difícil remover al alma con tan pocas letras. Pero has conseguido hacerlo con la mía. Precioso relato.
Muchísimas gracias. Me produce gran satisfacción provocar sensaciones a la gente, sean del tipo que sean. Y después de visitar tu blog, me considero más halagado todavía.
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